Datos de clientes y RGPD

Qué puedes conservar, cómo se atienden acceso y supresión y cuándo hace falta un contrato de encargo.

Desde dentro de un negocio, la protección de datos parece un conjunto de prohibiciones. La pregunta inversa es más útil, y es la misma en cualquier mercado: ¿para qué finalidad guardas este dato, cuánto tiempo lo necesitas para eso y qué pasa después? Quien sepa responderla campo por campo tiene hecho lo esencial — el resto es documentación.

La entrada práctica es, por tanto, un inventario y no una lista de comprobación. Qué hay realmente: nombre y teléfono, sí — pero también la nota del último tratamiento, la foto, la alergia, el comentario sobre una expareja. Los datos de salud y todo aquello que alguien preferiría no ver escrito son la categoría delicada, y aparecen de pasada durante la jornada, no en el formulario.

Dos situaciones llevan la teoría al caso real. Una solicitud de acceso — alguien quiere saber qué guardas sobre él — solo se responde con calma si sabes dónde hay algo: en el sistema, la agenda, el correo, el móvil de una compañera. Y una política de borrado no es una declaración, sino una regla por tipo de dato que se aplica también cuando nadie se acuerda.

En cuanto un proveedor trata datos por encargo tuyo — el software, la herramienta de boletines, la gestoría —, entra en juego un contrato. Cuándo hace falta y cuándo no es una pregunta acotada con respuesta clara. Los artículos de esta sección recorren los cuatro temas por separado; cuando se cita una norma, se indica a qué mercado corresponde.

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